«OTRA VEZ PERSONA», GANADOR DEL XLII PREMIO DE POESÍA «ÁNGEL MARTÍNEZ BAIGORRI»

El pasado sábado 7 de noviembre a las 18:00 tuvo lugar en la Casa de Cultura del Ayto. de Lodosa el acto de entrega del XLII Premio de Poesía Ángel Martínez Baigorri, uno de los premios poéticos más longevos de la comunidad foral.

Este año el galardón fue para el poemario Otra vez persona del autor malagueño, José Gotor.

La ceremonia contó con la presencia del ganador, José Gotor, la participación de miembros del Ayuntamiento de Lodosa, el grupo coral «Lodosa a capela», familiares, amigos/as y los cuatro miembros del jurado: Consuelo Allué, Marina Aoiz, Mikel Aramburu e Isabel Logroño quienes junto a María Jesús Martínez Baigorri, sobrina del poeta Ángel Martínez Baigorri, amenizaron la entrega con palabras y versos en homenaje al poeta nuevo (Gotor) y al viejo (Baigorri).

Incluyo a continuación el discurso «Hoy necesitamos ser más personas y más poetas que nunca» que leí en homenaje al poemario agraciado:

Hoy necesitamos ser más personas y más poetas que nunca

Hay poemarios que buscan decir algo y hay poemarios que, además, consiguen preguntarnos qué estamos haciendo con aquello que somos. Otra vez persona pertenece a estos últimos.

Como jurado, creemos que este libro merece ser reconocido porque ha conseguido algo especialmente difícil: hablar de nuestro tiempo sin quedar atrapado en la actualidad, y hablar de lo humano sin caer en sentimentalismos. Sus poemas miran alrededor —la guerra, la enfermedad, la desigualdad, la soledad, la tecnología, la precariedad, la memoria, el deseo—, pero también miran hacia dentro. Y, sobre todo, nos obligan a mirar.

Desde el primer poema, Inventar muy despacio la magia, aparece una voz que no acepta la indiferencia como respuesta. «Lloro porque en el recinto de la añoranza / hace mucho frío», dice el poeta, y ese llanto se extiende hacia los vagabundos, las familias, los enfermos, las bibliotecas, los incomprendidos, hacia «las cunetas que todavía hieden tanto a muerte» y hacia quienes «nunca se pregunta[n] qué está pasando / porque ignora[n] que tiene[n] todo el derecho a saberlo». No es un llanto paralizante: es una forma de estar despierto.

Y estar despierto parece ser una de las grandes exigencias de este libro.

Porque Otra vez persona sabe que vivimos rodeados de estímulos y, sin embargo, cada vez nos cuesta más sentir. El poema Todas las horas lo expresa con una sencillez estremecedora: «a todas horas estamos viviendo y muriendo». La vida y la muerte conviven en el mismo plano, junto al arco iris, el vino, los turistas, un poema, una mercería que cierra o un nuevo conflicto armado. El mundo no deja de suceder. La pregunta es si nosotros seguimos siendo capaces de estar verdaderamente presentes.

Hay también en este poemario una conciencia incómoda de nuestra responsabilidad colectiva. En Tuvimos la posibilidad de elegir cordura, el futuro parece mirarnos desde una distancia moral y decirnos que «tuvimos la posibilidad de elegir cordura», pero elegimos demasiadas veces la comodidad, la desidia, la indiferencia. «Fuimos nosotros quienes plastificamos los océanos», afirma el poema; fuimos también quienes «pusimos todo nuestro empeño / en que la inteligencia fuera artificial». La ironía, aquí, no suaviza la acusación: la hace más dolorosa.

Pero este libro no se limita a señalar nuestras derrotas. Conserva una profunda confianza en la posibilidad de seguir siendo humanos.

Quizá por eso uno de sus poemas más hermosos sea Esta suave inercia, donde, entre informes médicos, manifestaciones, desigualdades, vuelos retrasados, redes, política, miedo y rutina, aparece una afirmación extraordinariamente sencilla: «celebramos que no hay manera de que boicoteemos / esta suave inercia de amarnos elegida». Y al final, cuando ya casi no quedan palabras, quedan unas manos, unos dedos que «gestionan sus idiomas y su sed». Es decir: queda el vínculo. Queda el otro.

Y queda la poesía.

Este poemario entiende la poesía no como un refugio frente al mundo, sino como una manera más intensa de habitarlo. Por eso puede hablar de Gaza y de Caetano Veloso, de la salud pública y de Murakami, de un perro, de una psicóloga, de la Sagrada Familia, de un abuelo y su nieto, de la inteligencia artificial, de Janis Joplin o de un balcón. Todo cabe aquí porque todo forma parte de esa tarea que el último poema formula con una claridad casi definitiva: «habrá que ponerse de una maldita vez / a justificar lo de sapiens / o darlo al fin por deshecho».

Ese es, quizá, el gran desafío que nos plantea el libro.

Justificar lo de sapiens.

Volver a merecer la palabra persona.

Por eso este jurado considera que Otra vez persona no es solamente un libro de poemas. Es una llamada de atención. Una defensa de la sensibilidad. Una forma de resistencia frente a la costumbre de mirar hacia otro lado.

Porque hoy, cuando resulta tan fácil acostumbrarse a todo, necesitamos ser más personas y más poetas que nunca.

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