Presentación de “En brazos de la belleza”, el último poemario de la poeta Fátima Frutos

Cuerpo-palabra-intelecto, el triángulo de la belleza lírica en Fátima Frutos

Planetario de Pamplona. 13 de diciembre de 2018.

Después de haber tenido la suerte de “asediar” al completo la obra poética de Fátima Frutos, poeta navarro-donostiarra o viceversa, si hay un rasgo que no falla en ella es el tropiezo constante con esa fusión del cuerpo-palabra-intelecto que tan naturalmente se entremezcla en sus obras. Y que no se hace esperar. Cuando uno se lanza al abordaje de la belleza en cuyos brazos las palabras de Frutos se mecen a veces deslumbradas, otras indignadas (“¿Y si la libertad de Spinoza nos salvara?”) esperanzadas (“Sobrevivir al odio”), la mayoría anhelantes (“Límpida luz del Alba cretense”), lee ya desde “La Catedral”, primer poema del conjunto de los veintisiete que componen el libro lo siguiente: “la audacia de la bóveda que me mira desde arriba / se desliza mi vientre / humedad vastísima” y uno se siente ya cómodo y a la vez inquieto por saber qué derroteros líricos ha pensado la poeta para seguir manteniendo ese triángulo vivo y sugerente. Las estrategias a ojos del lector asoman  pronto: la primera, la búsqueda persistente de la sensación a través de sustantivos y adjetivos escogidos con gusto y precisión “rojitornasolados”, que a veces se acumulan en ese deseo de querer captarlo todo “feroces, abnegadas, sublimes, tenebrosas, transidas o lúgubres” como se lee en un verso de “Rubén Darío en la Torre de las Ánimas Contempla”. Es así la poesía de Frutos una poesía que homenajea la lengua castellana. Y sirva el título del poema mencionado también para desentrañar la segunda estrategia de la autora: el acervo cultural que se esconde tras cada verso escrito, siendo cada poema casi una deuda con artistas, poetas, escritores/as, a quien la autora da voz y descubre para muchos lectores: Durero, Marga Gil Roesset, Roque Dalton, Serguei Esenin, Mayakovski entre otros. Deleite, homenaje y aprendizaje. Así se configura este poemario, el quinto individual de la poeta, que después de De carne y hambre, Andrómeda encadenada, Epitafio para una odalisca y Haikús desde el río, no hace sino seguir consolidando su búsqueda “para que nunca muera”.

Comentario de los poemas recitados, pertenecientes al poemario publicado En brazos de la belleza (Ediciones Eunate, 2018):

“Poeta nuestro”: desde Sonsonate hasta Ilopango hay 74 kilómetros de ruta salvadoreña. Si bien señalaba en la introducción que la poesía de Frutos es deleite y aprendizaje. “Poetanuestro” responde con gusto a ambas realidades. La revisitación de la clásica oración del “Padre Nuestro” de la tradición católica que en su día también versionó la gran Gloria Fuertes, se erige aquí como ruego y agradecimiento a la voz del poeta, que a lo largo de la tradición lírica de todos los tiempos ha cumplido un papel no sólo de catarsis emocional individual y colectiva, sino también de compromiso social y de voz en grito ante la injusticia.

“Subrogación de la carne”: uno de los grandes maestros de la erótica, el Marqués de Sade escribió una vez “Mi opinión en lo que se refiere al placer es que hay que emplear todos los sentidos”. Así se arroja este soneto en el que siguiendo la tradición de maestras de la lírica erótica como Ana Rossetti el “yo lírico” femenino se erige como dominante de los hilos del placer en el esquema musical tradicional de los dos cuartetos y los dos tercetos fundiendo técnica y deleite.

“Todo el mundo tiene a alguien en Moscú”: hablar de deuda es hablar también de palabra, de dar voz. En el siguiente poema, Frutos recoge las emociones de la poeta rusa Marina  Tsvetáyeva antes de su marcha a Yelábuga, donde se quitó la vida. La prolífica escritora y militante, peleó su vida entre los efectos de la Revolución Rusa, el destierro a Gulag y el inicio de la ocupación nazi. Frutos indaga en esos anhelos, deseos, sentimientos finales de quien se sabe solo pero nunca deja de esperar…

“Un haz de luz en la Biblioteca de Sarajevo”: Desde el 24 de octubre de 1997 se celebra el Día Internacional de la Biblioteca con el objetivo de conmemorar la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, incendiada en 1992 durante el conflicto de los Balcanes. Para una poeta que demuestra su amor, admiración y respeto por las palabras de forma tan vehemente, el dolor de la carne solo puede equipararse al dolor de verse consumidas dichas palabras. A través de la fotografía tomada por el periodista Gervasio Sánchez ante los restos incinerados, Frutos fija su mirada en la luz que sobrevive al fuego y a la destrucción, inmortalizándola.

“El último juglar”: ¿cómo condensar una clase de Literatura en un poema? El siguiente poema se presenta como un homenaje esperanzador sobre la eternidad literaria de Lorca a través de sus obras. El leitmotiv constante del poema “¡vivo, vivo!” es sin duda la marca por excelencia del autor granadino, para quien no pasa el tiempo entre olivos, fuentes, ríos y  azabache.

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